River goleó, pero aún tiene 666 derrotas en el profesionalismo. ¿Debería perder el siguiente partido?
Antes que nada, queremos felicitarlos, queridos y sufridos hinchas “Millonarios” y del Millonarios. El 2-0 contra el Junior de Barranquilla fue casi como un 8-0, lo sabemos. Pero el 4-0 en cancha del súper Arsenal de Alfaro es algo histórico, inigualable, increíble si tenemos en cuenta los últimos años de River Plate.
Sin embargo, también tenemos algo más que decir. Según las estadísticas oficiales (es decir, la que nos comparte nuestro amigo @silviomaverino en Twitter), la derrota del fin de semana antepasado de River contra Racing es la número 666 en torneos oficiales desde que el equipo juega en el profesionalismo argentino (lo hace desde 1931).
Nosotros somos cabaleros, por supuesto. ¿Cómo podríamos amar el fútbol sin serlo? También mezclamos temas religiosos y creemos en vírgenes que nos van a hacer campeones del mundo. Por eso, encontramos intrigante la victoria de River este fin de semana.
¿No habría sido mejor perder el partido y no tener que cargar con ese número por más tiempo? ¿Acaso Arsenal dejó que River ganara para que la mala suerte lo siga acompañando? ¿Será que los demás equipos harán lo mismo? ¿River, con ese “equipo”, va a ser campeón este semestre?
Ay, River, ¿cuándo, de verdad, vas a ganar? La mala suerte te acompaña desde hace un buen tiempo. Tal vez deberías perder el próximo partido frente Godoy Cruz. O, quizás, debrías ir al Santiago Bernabéu. Kaká, a pesar de ser suplente, está on fire.
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1 Lo ‘’bueno’’ y lo ‘’malo’’ desde la moral cristiana (o desde su percepción) no es más que una simplicidad del pensamiento, el facilitarnos la existencia el ‘’conformarnos’’ con una creencia primitiva –por ende anticuada—basado en el amor a costa del sometimiento del ‘’alma’’, ‘’espíritu´´ o de la vida misma; ¿Pero, me preguntó? ¿No es esa percepción el ponerle una corona de espinas a la vida y al amor por ella? ¿No es acto sutil de egoísmo el querer que mi amante, mi hermano, mi hijo, mi madre, mi padre, mi –inservible—prójimo llore y sangre por mi muerte, aun así pasados dos mil años?, aceptemos que ni pasados cien años después de nuestra muerte ya no seremos nada, tal vez polvo o un vago recuerdo, ¿Cuál es el terror? , o acaso se puede estar tan ciego añorando un falso bienestar, un ideal una ‘’utopía’’ cristiana, aunque eso signifique sufrimiento y odio incondicional por una miseria de amor ‘’superior’’, yo propongo una utopía en la vida no después de ella, como voy sentir y percibir mientras me pudro, simplemente bastará con abrir los ojos y ver la magnificencia de tu única vida, pero el cristiano sufre de confusión y es ciego la mayoría de veces, se miente así mismo y miente a su alrededor y le llaman a su ‘’fe la única’’ ‘’la fe verdadera’’ (como a todas las fes), ellos olvidan la primera enseñanza y tal vez la única que pueda servir de su gran Cristo, ese instinto animal que yace en todos los seres humanos y que ni el nazareno pudo contener, pero que con magia y ‘’milagros’’ se puede –mas no debe- dormir; me refiero a la ¡rebelión!, si esa rebelión de Cristo contra Roma (me justifico pues en todo tipo de moral y toda inmoral existente, el decidir sobre nosotros mismos deberá de ser una virtud), rebelión y rebelión a las ataduras y cadenas que atormentan desde la concepción de nuestros antepasados.
2 En la gran rebelión no se disparará una sola bala, no correrá sangre, ofreceremos paz incondicional sobre todo, no quemaremos en hogueras a los brujos que predican los domingos ni demoleremos sus santuarios, lo que haremos será ofrendar pensamiento, diálogo y desinterés en su fe, pero el cristiano posee la cualidad de ser como una mujer celosa, poseer una actitud beligerante y ofenderse si no se le presta atención , podría hacernos firmar un pacto de no agresión, para después declararnos la guerra para culminar y hacernos firmar un tratado de Versalles pagando así su deseo de hacer el ‘’bien’’ en el mundo a toda costa. Él le declara la guerra al pensamiento, vive en un prejuicio eterno sobre su alrededor, aborrece las más mínima expresión de sensualidad, hermosura y lujuria, repudia a los ‘’fornicadores’’, la manera de vestir, incluso la manera de amar, deberíamos de andar con un espejo siempre y así reflejar contra ellos mismos esa elocuencia cristiana tan característica y quizá se critique y juzgue a sí mismo, quién sabe tal vez hasta descubra su doble moral y se suicide. Claroscuro Hermosa vida mía, entrégate En esta terrible noche Penetraré tu corazón Con la luna iluminándote Con un canto de ideales Tú debes de bailar y danzar También reír y gemir, ábrete Como una ballestita silenciosa Elegante al andar y mirar Con vino, placer y virtud embriágate Inmola tus valores y desamores No caigas en la tentación de sufrir Escupe al cielo vida mía y entrégate.
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